En el último tiempo, viajar desde la Costa Atlántica hacia Mar del Plata y viceversa se ha convertido en una verdadera odisea a través del transporte público, sobre todo si se necesita hacer la ida y vuelta en el día.
Los servicios que prestaban Rápido del Sud y Montemar comenzaron a verse afectados a fines de 2018, cuando dejó de funcionar definitivamente los primeros días de mayo, lo que ocasionó que las localidades costeras quedaran aisladas sin la posibilidad de acceder al transporte público. A mediados de mayo, el Ministerio de Trabajo de la provincia de Buenos Aires homologó un acuerdo con la empresa marplatense “12 de Octubre”, bajo el nombre de “Costa Azul”, que se comprometió a normalizar el funcionamiento del transporte.
En ese momento, el propio ministro de trabajo de la gobernadora María Eugenia Vidal, Marcelo Villegas, sostuvo que habían decidido intervenir para asegurar que los vecinos puedan contar con el servicio de transporte público. “No queremos que las localidades de la Costa Atlántica queden aisladas o se vean perjudicadas”, dijo en esa oportunidad y especificó que los destinos a los cuales llegarían los servicios de “Costa Azul” serían: Mar del Plata, Santa Clara, Mar Chiquita, Mar Azul, Mar de la Pampas, Villa Gesell, Cariló, Valeria del Mar, Ostende, Pinamar, Mar de Ajó, San Bernardo, La Lucila, Mar del Tuyú, Santa Teresita, Las Toninas, San Clemente y General Lavalle.
DEL DICHO AL HECHO
Hasta el momento, el servicio de transporte todavía no se ha normalizado por completo y la necesidad de realizar un trámite, concurrir a un tratamiento médico, estudiar o viajar por trabajo se convierte en una hazaña muchas veces imposible de llevar a cabo.
El pasado lunes 3 de junio, la empresa Costa Azul, encargada ahora del transporte de pasajeros, comunicó los horarios para el servicio entre las comunidades de la región. Mientras los micros lucen resplandecientes y confortables, las irregularidades en la prestación del servicio son preocupantes. “Tengo turno con un especialista de columna en Mar del Plata y no puedo viajar porque no tengo plata para pasar la noche allá”, dice Alejandra, vecina de Mar del Tuyú, mientras Ricardo, oriundo de San Clemente, cuenta que debe realizar trámites en la llamada ciudad feliz pero tampoco puede hacerlo ya que el horario de atención es hasta las 14.00 y el micro que sale de la terminal costera lo hace al mediodía y llega a Mar del Plata a las 16.10, no pudiendo tampoco pagar un hotel hasta el día siguiente...
En las terminales de las distintas localidades no hay personal que atienda al público ya sea para comprar pasajes, averiguar horarios o consultar valores. Tampoco existe un sitio web o un teléfono de atención al cliente. Los pasajes son cobrados por el chofer del micro al momento de ascender al mismo sin control de identificación de pasajeros, sin emitir comprobantes y el valor del viaje se conoce ahí mismo de acuerdo al lugar de destino.
“Salí de Pinamar hacia Mar del Tuyú, el chofer me cobró y me escribió el precio con birome en un papelito pero el micro nos dejó a 5 personas en la rotonda del Supermercado Coto y tuve que caminar 30 cuadras hasta dónde iba”, cuenta María desde la terminal de Santa Teresita esperando el micro de las 17.20 que la llevará de regreso a Pinamar. Las paradas en Mar del Tuyú y Las Toninas ya no son parte del recorrido y ningún micro en ningún horario sale o llega a General Lavalle.
EL EMPRESARIO DE TURNO
Un dato a tener en cuenta también es que las empresas de transporte marplatenses 12 de Octubre, El Libertador y 25 de Mayo son propiedad del empresario Juan Inza. Inza tiene una causa desde 2016 por inscribir a “choferes fantasma” para cobrar millones de pesos en subsidios que le otorgaba el Estado, ese mismo Estado que actualmente le dio el poder para explotar el servicio de pasajeros en la región llamado Costa Azul.
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