Hay un hilo conductor que atraviesa los distintos estudios que en los últimos meses buscaron medir el humor social de los jóvenes argentinos. El periodista Jorge Liotti lo sintetizó en un reciente análisis publicado en La Nación, donde reúne encuestas y trabajos académicos que, leídos en conjunto, configuran una radiografía inquietante. No se trata de un cambio coyuntural, ni de una reacción frente a una gestión en particular. Lo que empieza a insinuarse es algo más profundo: un desgaste de la idea de que el sistema —económico, político y social— ofrece un camino razonable de progreso.
El dato aparece, con matices, en trabajos de distinta procedencia. La consultora Moiguer, por ejemplo, ubica a los jóvenes como el segmento más castigado por la situación económica: el 32% se encuentra por debajo de la línea de pobreza, por encima del promedio general. A eso se suma un 16% de desempleo en la franja de 15 a 29 años, más del doble que el total de la población, y un dato particularmente sensible: el 30% de quienes tienen entre 18 y 24 años no estudia ni trabaja.
UNA GENERACIÓN SIN HORIZONTE CLARO
Ese deterioro material no es nuevo, pero empieza a adquirir otra dimensión cuando se lo vincula con las expectativas. Un trabajo del Centro de Investigación y Acción Social (CIAS), citado en el análisis, señala que casi el 40% de los jóvenes de barrios populares no espera progresar, mientras que otro 20% reduce esas expectativas al mínimo. La ruptura no es sólo económica. Es, sobre todo, narrativa.
En ese contexto debe leerse la evolución del vínculo político. Según datos que maneja la Casa Rosada y que recoge el artículo, el apoyo juvenil a Javier Milei alcanzó su punto máximo en febrero de 2025, cuando cerca del 70% de los jóvenes entre 18 y 25 años se manifestaban a favor del oficialismo. Hoy, ese número desciende al 46%, con un 49% en contra.
Ese fenómeno encuentra un correlato en otro indicador: el ausentismo. De acuerdo con datos de la Cámara Nacional Electoral, citados en el análisis, los votantes de entre 18 y 30 años registraron en la última elección un 34,4% de inasistencia, casi el doble que los adultos. Además, fue el segmento donde más creció la no participación respecto a 2023.
El fenómeno no parece responder a apatía tradicional. Más bien expresa una forma de distanciamiento: no se trata de que no les interese la política, sino de que no la reconocen como herramienta eficaz.
Esa percepción aparece también en estudios de opinión más amplios. Un relevamiento de Amnistía Internacional junto a la consultora Dynamis, dirigido por Ana Iparraguirre, muestra que, si bien el 92% de los jóvenes considera importante vivir en democracia, sólo el 51% se declara satisfecho con su funcionamiento, frente a un 46% que se manifiesta insatisfecho. La distancia entre valor y experiencia es evidente.
En esa misma línea, el estudio introduce un dato que distintos analistas comienzan a observar con atención: un 39% de los jóvenes estaría dispuesto a aceptar un sistema con menor calidad democrática si garantiza crecimiento económico, y un 30% haría lo propio a cambio de mayor seguridad. No hay, en esos números, una impugnación ideológica al sistema, pero sí una evaluación cada vez más instrumental.
El sociólogo Pablo Semán aporta otra dimensión al problema. En sus trabajos sobre cambios culturales recientes, advierte que el escepticismo juvenil se alimenta de experiencias frustradas, pero también de un contexto de transformación acelerada del mundo del trabajo, donde los horizontes de estabilidad se vuelven difusos. La inteligencia artificial, la precarización laboral y la pérdida de referencias tradicionales configuran un escenario en el que el futuro aparece, en el mejor de los casos, incierto.
A este cuadro se suma un factor relativamente nuevo en la agenda pública: la salud mental. Un estudio de la Facultad de Psicología de la UBA detectó una mayor incidencia de trastornos de ansiedad y depresión en los sectores más jóvenes, con especial impacto en los estratos de menores ingresos. El fenómeno, que en otros momentos permanecía en el plano privado, comienza a adquirir relevancia social y política.
En paralelo, el ecosistema digital —redes sociales, plataformas, inteligencia artificial— redefine los modos de socialización y percepción. No sólo amplifica demandas, sino que también intensifica frustraciones y acelera comparaciones, generando un clima de insatisfacción permanente.
En ese entramado complejo, el dato más consistente es que la idea de ascenso social, que durante décadas funcionó como organizador de expectativas, pierde credibilidad entre los jóvenes. Y cuando esa narrativa se debilita, también se resiente el vínculo con las instituciones que históricamente la sostenían.
El resultado no es necesariamente una radicalización política. Es, más bien, algo más difícil de encuadrar: una combinación de desencanto, repliegue y búsqueda individual de salida.
Ahí, tal vez, esté la clave del fenómeno. No en la adhesión o el rechazo a un dirigente en particular, sino en la sensación, cada vez más extendida, de que el esfuerzo ya no garantiza un destino mejor.
27 de mayo. El Municipio dio a conocer las cifras de la 12ª edición del ya tradicional evento en la Plaza Castelli, cuyo suceso llevó a que la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) destacara por primera vez a Dolores y a la Fiesta en su informe nacional tras cada fin de semana largo.
27 de mayo. La protesta fue consensuada en una reunión que se llevó a cabo ayer en Villa Gesell. Emitieron un documento con duras críticas en el que advirtieron que es “una decisión profundamente injusta, insensible y centralista”.
26 de mayo. El gobierno de Javier Milei oficializó los pases a disponibilidad de los trabajadores y la Provincia volvió a reclamar el traspaso a la administración bonaerense: “No vamos a permitir que rematen nuestra historia ni que conviertan un derecho en el negocio inmobiliarios de unos pocos”.
19 de mayo. La empresa ARR-CA SRL abandonó los trabajos tras varios meses de deuda y falta de respuestas. Aunque presenta un avance del 83% del total, su paralización impide que los vecinos puedan conectarse a la red. Ante esta situación, el intendente Carlos Esteban Santoro solicitará una audiencia con el ministro Gabriel Katopodis.
18 de mayo. El jefe comunal de Chascomús destacó la importancia de esta agrupación, que está integrado por distritos de hasta 60.000 habitantes, en el desarrollo regional.
15 de mayo. La medida se tomó “ante la falta de respuestas concretas el del Ejecutivo municipal”. El Sindicato señaló que, luego de la audiencia realizada en el Ministerio de Trabajo, continúa a la espera de la conciliación obligatoria solicitada.
14 de mayo. Tras un tratamiento exprés en las comisiones de Energía y Combustibles y Presupuesto y Hacienda de la Cámara de Diputados, lograron el dictamen de mayoría del proyecto que modifica el régimen de subsidios al gas. Ahora buscan que se debata en el recinto el próximo miércoles.
12 de mayo. El gobierno bonaerense confirmó el inicio de un proceso que culminará con el pase del complejo a la órbita municipal tras la finalización de las obras. Desde el Municipio reclamaron que la devolución sea “completa, de inmediato y sin vueltas”.