Vuelta a clases: cómo preparar emocionalmente a los chicos y evitar el estrés en los primeros días
El regreso a la escuela no solo implica comprar útiles y ordenar horarios. Especialistas recomiendan anticipar rutinas, regular el sueño y acompañar emocionalmente a los chicos para que la transición sea gradual y saludable.

El inicio del ciclo lectivo puede convertirse en una oportunidad para reorganizar hábitos y fortalecer la autonomía de los chicos.
La vuelta a clases marca el fin del ritmo relajado del verano y el regreso a una estructura diaria más exigente. Pero más allá de mochilas y guardapolvos, el desafío suele ser emocional.
Después de semanas con horarios flexibles, más tiempo de ocio y mayor uso de pantallas, el cambio brusco puede generar irritabilidad, ansiedad o dificultades para dormir. Por eso, especialistas en psicología infantil coinciden en que la clave está en planificar una transición progresiva.
AJUSTAR LOS HORARIOS DE MANERA GRADUAL
Uno de los errores más frecuentes es intentar modificar todo en los dos días previos al inicio del ciclo lectivo. Lo recomendable es comenzar al menos una semana antes, adelantando la hora de ir a dormir entre 15 y 30 minutos cada dos o tres días hasta alcanzar el horario escolar.
También es importante volver a establecer rutinas matutinas similares a las del período de clases: levantarse más temprano, desayunar en horarios fijos y limitar el uso de pantallas durante la noche, ya que la luz azul interfiere con la conciliación del sueño.
HABLAR DE LA ESCUELA SIN DRAMATIZAR
La forma en que los adultos comunican la vuelta a clases influye directamente en la percepción de los chicos. Evitar frases cargadas de presión como “se terminaron las vacaciones” o “ahora empieza lo serio” ayuda a que el regreso no se viva como una pérdida, sino como una nueva etapa.
Conversar sobre lo que les genera entusiasmo —reencontrarse con amigos, materias favoritas o actividades extracurriculares— permite enfocar el proceso desde un lugar positivo.
DIFERENCIAS SEGÚN LA EDAD
No todos reaccionan igual ante el regreso.
• Nivel inicial: pueden aparecer llanto, ansiedad por separación o mayor demanda de atención.
• Primaria: es frecuente el fastidio o la resistencia a retomar obligaciones.
• Secundaria: puede surgir apatía o cambios en el estado de ánimo vinculados a la reorganización social.
En todos los casos, sostener límites claros con contención emocional es más efectivo que flexibilizar excesivamente ante las primeras quejas.
SEÑALES DE ALERTA
Si las dificultades para dormir, el rechazo escolar o los cambios de humor persisten más allá de las primeras semanas, puede ser conveniente consultar con un profesional.
La vuelta a clases es, en definitiva, un proceso de adaptación. Cuando se planifica con anticipación y se acompaña con diálogo y rutina, el inicio del ciclo lectivo puede convertirse en una oportunidad para reorganizar hábitos y fortalecer la autonomía de los chicos.











