Escribe Oberdán Rocamora
Redactor Estrella, especial para JorgeAsisDigital.com
Presidente del Mundo
Defender con desperdiciada valentía, en el “Foro Económico Mundial”, los categóricos atributos “del capitalismo de libre empresa” es una obviedad que no estremece a ningún diplomático.
Tampoco impacta en el especialista político más distraído y menos indiferente.
Degradar con altivez editorial la caricatura del socialismo implica deslizarse por el infantilismo que no impresiona siquiera a los “empleados locales”, que aplauden con profesional obligación.
Intelectualmente es muy poco para la opaca oratoria del señor presidente que protagoniza el fenómeno solitario, pero oportunamente aferrado a la gloria imposible de Donald Trump, quien sin modestia ficticia se comporta como el verdadero presidente del mundo.
Con espectacular algarabía y corbatas horripilantes, Trump reproduce la peor versión descarada del “imperialismo yanqui”. Como se denominaba a la patológica modalidad de Estados Unidos en la patética década del ’70.
A los 79 años se acepta que Trump se encuentra más allá y más acá de todo.
Pero infortunadamente cada día más cerca del final de ciclo.
En el fondo, nada tiene espiritualmente para perder.
Entonces “dale que va”. Siempre para adelante, con fe y esperanza al mejor estilo Daniel Scioli, Líder de la Línea Aire y Sol.
Con el objetivo de debilitar la performance de los escasamente útiles funcionarios de las Naciones Unidas, para disponerse a presidir algo más relevante que el Consejo de Seguridad.
Es el Consejo de la Paz, donde brinda, con superlativa generosidad, la jactancia de figurar al presidente acaso más antagónico que crece, sin embargo, por la eterna condición de haber sido el primer aliado.
En simultáneo con el honorífico Board de Trump, el Panelista estructura una próxima kermesse con los presidentes de la derecha extrema que lo acompañan en el sendero de vanguardia de “la libertad”.
Fantasma negro
Volver a las limitaciones del Panelista.
No alcanza con el golpe de efecto de anunciar la muerte de Maquiavelo.
Tampoco con aludir al pobre Jenofonte que quedó estancado en la Guerra del Peloponeso.
Mucho menos alcanza con citar con frecuencia al digno profesor de contabilidad don Jesús Huerta de Soto, o al venerable maestro Alberto Benegas Lynch (hijo).
Insuficiente para captar la atención numerológica del inversor potencial que hipotéticamente desconfía antes de poner una moneda.
A esta altura, El Panelista que preside el recetado Gobierno de Consultores nos remite con humildad a la inquietante imagen del ciego que persigue entre las tinieblas de la habitación oscura, a los palazos limpios, al fantasma negro que persiste aislado en la fantasía minimalista de la imaginación.
Tierras raras
El gran mérito de Trump consistió en acabar con la irrelevancia de los problemas nacionales.
Cualquier guitarrista del Tercer Mundo pontifica acerca de la importancia estratégica de Groenlandia.
Ya no solamente por la aventajada ubicación geográfica en el Ártico.
Con 55 mil habitantes congelados entre la Europa debilitada para el sarcasmo de Trump, y el extremo norte de América.
De pronto el presidente del mundo le escribe a Jonas Stores, primer ministro de Noruega. Para instalar que la diplomacia tradicional no le importa nada. Como no le otorgaron el Premio Nóbel después de haber resuelto “ocho guerras”, le aclara a Stores que en adelante dejará de preocuparse por la paz y se va a dedicar exclusivamente a velar por los intereses de Occidente, su extendido país.
Aunque les cueste entenderlo a los vulnerables presidentes asociados en la OTAN, Trump siente que tiene que garantizarse el control de la ferretería surtida de Groenlandia.
Por sus disrupciones incomparables, hasta el locutor que lee avisos comerciales se anima a teorizar sobre la gravitación creciente de las “tierras raras”.
Sin siquiera iniciar el curso leve y breve de geología se tratan abiertamente los efectos positivos del disprosio.
Del elitista niobio o del magnífico iterbio, acaso hasta del fantástico tantalio o del neodimio más vulgar.
Minerales inquietantes de las “tierras raras” que resultan fundamentales para interpretar el valor de las baterías de litio.
De los fervorosos motores eléctricos y las revolucionarias turbinas eólicas que son literalmente funcionales para los imanes de temperaturas elevadas que se utilizan para activar los reactores nucleares.
Datos absolutamente útiles para batirse en la batalla cultural.
Ferretería variada que abunda en la estratégica Groenlandia que Trump ambiciona mantener bajo su auditoría. Pero es directamente desperdiciada por el reino acosado de Dinamarca.
Otra serie en preparación, flamante Borgen.
Irán no es Venezuela
Aunque el esfuerzo le cueste, en efecto, centenas de miles de millones de dólares que Scott Bessent, como si fuera Penguin Random House, no tendrá inconvenientes en editar.
Para explotar con patriotismo vocacional las sutilezas poéticas del grafito.
O el bronceado tecnicolor del cobre que armoniza con el gris explícitamente nostálgico del burocrático plomo en blanco y negro.
Factores que resaltan la distinción de la antigua prestancia social del rubí.
O a la gravitación del uranio enriquecido que suele dejar perplejos hasta a los iraníes más devotos que competitivos.
Persas fanatizados por la histeria del regreso religioso del Profeta Alí.
Y que no vacilan ante el desafío de matar a canilla libre para mantener el retroceso furtivo de la teocracia.
Mientras tanto los persas aclaran, por las dudas, que Irán no es Venezuela.
Imposible llevarse puesto al Guía Supremo Ali Jamenei, como si se tratara de cualquier Maduro de exportación.
¿Quién lo frena a Trump? Cabe la gran pregunta.
El octogenario presidente del Mundo debe lidiar con los difíciles arrabales de la oposición interna.
Los demócratas sensibles se perfilan en el horizonte crítico, con un universo de riesgo más temible, en efecto, que China.
Final con amenazas
Pero si no conquista el control, Trump recurre, de todos modos, a la amenaza.
Aprieta que la ferretería estratégica de Groenlandia pueda caer en los brazos nuclearmente poderosos de la Rusia del amigo Vladimir Putin. Zar que se encarga de humillar, con pólvora cotidiana, a los sobrevivientes de la República Socialista Soviética de Ucrania.
O Groenlandia puede caer bajo los peores dominios del socio inflamado Xi Jinping, jerarca de China brutalmente inteligente que tuvo el ingenio de desplazar a Rusia del primer plano y ambiciona recuperar -lo más pronto posible- Taiwán.
Mientras tanto Xi Jinping encara con Trump, el socio entrañable, el entretenido game de la competencia comercial denominada Guerra Fría. O mejor relativamente fría, para simplificar la comodidad del lenguaje.
24 de diciembre. La inteligencia artificial no es una moda pasajera ni una amenaza abstracta: ya está moldeando la creatividad, el lenguaje, la polarización política y la producción de contenidos. En este análisis, Esteban Concia repasa cinco transformaciones profundas que la IA introdujo —y seguirá profundizando— en la política, las ideas y la comunicación.
17 de diciembre. Antes que Paz Pereira, Peña, Corina, Kast, Lula. Cuando el Panelista estaba casi sin aire, con un tuit del Tío Scott Bessent lo salvó del abismo.
04 de diciembre. Convivir con el aroma espeso de la reparación moral. Consta que la derecha jamás se atrevió a tanto. Plena exaltación del cipayismo explícito.
25 de noviembre. Quisiste ser Premier por Francos y pusieron a Adorni. Quisiste ser el gran ministro del Interior y fue Santilli. La confrontación de fondo es con el Panelista que siempre se encuentra detrás de las decisiones.
17 de noviembre. De la Organización Internacional de Energía Atómica hacia la Secretaría General de las Naciones Unidas. Con los cinco miembros permanentes en el bolso sólo resta asumir la paulatina espera.
11 de noviembre. Causa Cuadernos. Juicio al capitalismo y a la patología del peor kirchnerismo. Como si Dios fuera el tercer cruzado que milita la similar batalla cultural de Trump y de Milei.