18/02/2026 | Noticias | Opinión

A los Milei les creció Patricia

Parábola de la militante combativa que se consagró con la represión. La Piba todavía es directamente insoportable para el sindicalismo.


Escribe Oberdán Rocamora
Redactor Estrella, especial para JorgeAsisDigital.com

La Piba
Nadie exalta más el Triángulo de Hierro (fundido).
Estilo menemista de conducción del Gobierno de Consultores de Javier, el Panelista de Intratables, protagonista unánime del Fenómeno Solitario.
Un vértice lo ocupaba la señora Karina, la Repostera Prodigiosa, responsable del “armado” (Milei instaló falsamente que lo aburre).
Otro vértice fue para Santiago Caputo, El Neo Giacomini, paladín de la batalla cultural, adicto a la pasión kirchnerista por las cajas.

Milei es la invención exitosamente inútil del peronismo perverso.
Para evitar que Alberto, El Poeta Impopular, fuera heredado por Mauricio, el Ángel Exterminador, ya tristemente abducido por el Fenómeno.

Pero de pronto les creció una figura que no debe la proyección al Panelista hegemónico. Al contrario.
La señora Patricia, la Montonera del Bien, trafica política desde hace más de medio siglo.
Aprendió las primeras señales tramposas con “la juventud maravillosa” de los ’70.
Represora capacitada para aplicar medidas contra los hábitos malignos que conoce de memoria.

La militancia progresista en el Peronismo Originario -rama Rodolfo Galimberti- la condujo hacia el exilio ideal para una veinteañera.
Río de Janeiro era paradisíaco. Podía verse a la garota en short. Disfrutaba de la intensidad del sol permanente, calzaba graciosas sandalias de plástico.

El triunfo definitivamente histórico del capitalismo mantuvo el efecto del ventarrón esclarecedor.
La transformación la alejó del mito revolucionario. Pero le habilitó la tendencia natural hacia las confrontaciones.
Por ejemplo, con Hugo Moyano, El Charol, mantuvo un combate mediático.
Trabajaba como carcelera del presidente Fernando De la Rúa, El Radical Traicionable.
Cuando era, en fin, “la Piba”. El apodo de Charol aún persiste.
La Piba todavía es directamente insoportable para el sindicalismo.
Detenerse en las contradicciones de la trayectoria de Patricia es tan explícito como fácil.
La parábola de la militante combativa que se consagró con la represión. Para Netflix.
Aquí cuenta la capacidad de crecimiento a partir de la propia declinación.
O tal vez el beneficio indirecto de la derrota generacional.

Alaridos contra la casta
El Panelista animaba la campaña que no existía con ocurrencias efectivamente delirantes.
Caían formidablemente entre la patética desertificación ideológica.
Se estructuraban paneles con especialistas para discutir la demencia de la dolarización.
O las plausibles consecuencias de la destrucción del Banco Central.
El Panelista recorría los canales y atendía emisoras con el hallazgo de los alaridos contra la casta.
Mientras tanto el peronismo en el poder no resolvía un pepino.
Los partidos territoriales, la golpeada UCR o los estancados transparentes de la Coalición Cívica, vacilaban de continuar amontonados en Juntos por el Cambio.
Los incrédulos debían justificarse.

Finalmente confrontaba Sergio, El Profesional, por los inventores, con el Panelista inventado para acabar con las proyecciones de Patricia.
El invento fue exitoso. Dejaron a la Montonera del Bien fuera del ballotage.
En los archivos persiste la expresiva fotografía de la derrota, Patricia es consolada por Mauricio.
Dolor de dos vencidos.

La genialidad del Panelista consistió en peregrinar al día siguiente en la elegancia de Acassuso para acordar con el Ángel y Patricia y resolver cuestiones espirituales de monedas.
Para avanzar juntos, como víctimas, contra el peronismo inventor.
Para vencerlo en el ballotage y aplicar en adelante los proyectos redactados por Federico Sturzenegger para la presidencia trunca de Patricia.
Porque en realidad, más allá del fenómeno de su aspecto pintoresco y del hallazgo de los alaridos, Milei no tenía, en concreto, nada.
Significa confirmar que se trató de una invención vana del peronismo perverso. Exitosa, pero inútil.

Patricia se conformó con jurar por el Ministerio de Seguridad.
Aunque, durante la campaña inexistente, el Panelista había anunciado que Seguridad iba a ser manejado por la leal compañera de fórmula, la señora Victoria Villarruel, La Cayetana.
“Victoria va a tomar los temas de su especialidad. Defensa, Inteligencia y Seguridad”.
Pobre Cayetana.

Final con papelón y video
Dos años después, Patricia resultó electa senadora, por el Maxiquiosco del Artificio Porteño.
Para dejar, en Seguridad, como Encargada de Negocios, a la señora Alejandra Monteoliva, Empleada del Mes.

El primer logro triunfal del Senado libertario derivó en el extraordinario papelón del artículo 44 que el nutrido periodismo ultra oficialista busca atajos para resolver.
La aprobación de la “estética mezquindad” de la Ley de Modernización Laboral -cliquear- motivó hasta un video auto celebratorio de la senadora Patricia.
Flamante cuadro fuerte que no está a tiro de decreto y se encuentra en la rotonda mientras se le abren los caminos.
La jefatura del Maxiquiosco, la vicepresidencia, u otra vez el premio mayor.

Para colmo, en el video, Patricia utilizó a la protectora Karina como si fuera una extra dispuesta para un bolo.
Justamente a una artesana del “armado” que desmiente categóricamente la chicana de haber instruido:
“Primero se vota, después se lee”.
Porque los senadores votaron, pero no leyeron.

El video destaca la centralidad amplia de Patricia, en la gloriosa pieza oratoria en la que se permitió perturbar a la Cayetana, con la instrucción:
“Señora presidenta, ponga orden”.
La vicepresidenta que aún conduce el Senado apeló entonces al silencio de la senadora Juliana Di Tulio, Arrabal Amargo, y de la senadora Anabel Fernández Sagasti, Miss Malbec.
 


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