Mauricio Macri sacó el cepo identitario y abrió el significado de Cambiemos. La incorporación de un peronista ad hoc como Miguel Ángel Pichetto es un intento de ampliar el ADN de la fuerza oficialista. Ya no alcanza con los "purasangre". Hay que recolectar voluntades ajenas al imaginario PRO, lo que implica, obviamente, salir de la zona de confort simbólica. El método Durán Barba se resquebraja. De las verdades demoscópicas de hierro a las hipótesis de arquitectura política.
Como Alberto Fernández, Pichetto se estaba a punto de convertir en un signo huérfano. Este año vencía su estadía en la Cámara Alta y las posibilidades de renovar su banca se extinguían junto al espejismo de Alternativa Federal. El destino se presentaba angosto para un precandidato presidencial que, en cualquier encuesta seria, corría varios metros atrás del aspirante del FIT, Nicolás del Caño. Sin una estructura de poder que lo contenga, este Frank Underwood criollo ingresaba en un proceso de evaporación, pero su capacidad para detectar oportunidades lo rescató y reimpulsó.
¿Qué le aporta el jefe de la bancada del Partido Justicialista en el Senado a la oferta oficialista? Línea directa con los gobernadores, análisis agudo de la realidad desde la óptica del círculo rojo y, simbólicamente hablando, un conducto hacia el cosmos peronista. Su función será atenuar la contradicción —sustantiva, estética y metodológica— entre macrismo y pejotismo. Enlazar esas dos culturas será una tarea ardua (ahí está Emilio Monzó para atestiguarlo). La rosca, el cafecito, la militancia, la administración de tensiones y la política como profesión (no como servicio filantrópico circunstancial) es un repertorio difícil de cuadrar con el know-how PRO.
De hecho, el efecto secundario de este desplazamiento es que puede ahuyentar al votante puro y duro de Macri. Ese ciudadano que, antropológicamente, se define —sin culpa— como antiperonista. Habrá que ver cómo dicho segmento social metaboliza este maridaje. Una perspectiva interesante para analizar será el discurso. Pichetto despliega el típico argot del cuadro político, con cierto vuelo reflexivo, citas intelectuales y análisis históricos. Macri, por el contrario, utiliza un léxico llano, anclado en la cotidianeidad, rozando el sentido común y sin ningún tipo de abstracción. Colando a Manuel Mora y Araujo en el debate, surge el interrogante de cómo se conjugarán estas dos "comunidades discursivas". ¿Será un vínculo simbiótico o paradójico? Toda una incógnita.
Otra consecuencia comunicacional es el sello. Cambiemos es una marca oxidada; su mensaje diferencial (sustentado en el corte pasado-futuro) hoy carece de coherencia, fuerza y contexto. Pichetto, desde hace casi tres décadas, es un oficialista crónico que está en las antípodas del dirigente típico del PRO: outsider, sin experiencia en la función pública y exitoso en el sector privado. Pichetto adolece de novedad; es continuidad con el ancien régime. Su lealtad es con el statu quo. "Juntos por el cambio", la nueva denominación (ya usada por el presidente del partido, Humberto Schiavoni, en la campaña de Misiones), crece en generosidad, pero pierde potencia al insistir en la variable temporal. Actualmente, el Gobierno es un artefacto de conservación, no de innovación como en el 2015.
A su vez, el ingreso de Pichetto al campamento amarillo corrige la dicotomía que vertebró Macri en el último año contra el peronismo y "los setenta años de despilfarro". La trama ya no es histórica, sino actual. Se impone un relato de corte totalizante: democracia versus autoritarismo. Una narrativa que, con una Venezuela inflamable en la esquina del continente, gana volumen a nivel regional. Iván Duque, Sebastián Piñera, Mario Abdo Benítez y Jair Bolsonaro son los —supuestos— adalides del orden que acompañan al mandatario argentino en esta cruzada contra el caos populista. En ese sentido, calza justo el ingreso de Pichetto al guión: ¿Qué mejor que un insider absoluto para salvar al sistema?
Un dato anatómico no menor: la correlación de fuerzas está modificándose en el seno de Cambiemos. Esta designación es un claro triunfo de la pata política (Frigerio, Larreta, Grosso, Sanz y Cornejo) sobre el big data de Marcos Peña y Durán Barba. Es más, quizás Pichetto sea la autocrítica más sincera de Macri con su ala pragmática. Y esto es un indicio de la mecánica que asoma en la toma de decisiones. Porque, al fin y al cabo, esta grieta interna en la Casa Rosada se traduce en si la política se construye desde la oferta (menú dirigencial) o la demanda (humor de la opinión pública). La esgrima no terminó, pero la realpolitik saca ventaja.
El diseño de la nueva fórmula presidencial no es una apuesta electoral, es una inversión simbólica. Una concesión a lo viejo para salvar algo de lo nuevo. Resta saber si Pichetto será el principio de una genética inédita o, en cambio, una insignia peronista colgada en el saco de Macri. De todos modos, se vislumbra un doble aprendizaje por parte del jefe del Ejecutivo. En el plano comunicacional, por primera vez, impuso su agenda (a tal punto que eclipsó y aplazó el eterno retorno de Sergio Massa al kirchnerismo). En el terreno de la psicopolítica, brindó una señal contundente de humildad. El gesto de apertura de Cristina Fernández se llamó Alberto Fernández; el de Mauricio Macri, Miguel Ángel Pichetto. Uno fue acción, el otro, reacción. Nos guste o no, a veces, la grieta se transforma en espejo.
El autor es docente e investigador de la UCA. Doctorando en Ciencia Política por la Universidad Complutense de Madrid.
26 de octubre. Corresponde no interrumpir al Fenómeno cuando se extingue. El peronismo es otra vez la única alternativa viable ante el colapso y la desarticulación abrupta del Fenómeno que viene.
19 de octubre. Pero la piñata electoral está en la Provincia del Pecado. Si la próxima disrupción es la normalidad se trata del postulante competitivo. PASO sí o PASO no, es la cuestión.
13 de octubre. Milei, el plagiador, copia a Mauricio hasta el infortunio del tercer año. Al Fenómeno le crece justamente el desencuentro previsible con la senadora Patricia, la Montonera del Bien.
02 de octubre. En defensa propia es preferible creer que no aparecen dirigentes. Mientras tanto, el presidente del Gobierno de Consultores continúa con la seguidilla de entrevistas amenas, fuertemente escandalosas.
24 de septiembre. La distancia fraternal entre el Fenómeno y la Guantanamera. La práctica activa del poder dista de armonizar con lo que se compromete en la campaña.
17 de septiembre. Fenómeno Milei colapsa aunque resulte reelecto. Para persistir, necesita la cancelación de las PASO que sirven para ordenar a cuenta del Estado a los opositores.