El Día Mundial del Agua se celebra el 22 de marzo de cada año y su principal objetivo es generar conciencia acerca de la importancia de cuidar los recursos de agua en el planeta, un elemento vital para la vida de todas las especies de la Tierra. Fue proclamado por la Organización de las Naciones Unidas en 1992, cuando se celebró en Río de Janeiro la Conferencia de las ONU sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo. De allí surgió la propuesta, siendo 1993 el primer año de celebración.
Tras casi 20 años de negociaciones, el pasado 5 de marzo se acordó el texto del futuro Tratado de Alta Mar de la ONU, que busca garantizar la conservación y el uso sostenible de la diversidad biológica marina en áreas que están fuera de las jurisdicciones nacionales.
Para lograrlo, se plantea llevar el actual 1,2% de áreas oceánicas protegidas al 30%, que los países destinen más dinero a la conservación de este recurso, así como democratizar tanto el acceso como el uso de los recursos genéticos marinos, informó un reporte de la Agencia Télam.
Conservacionistas y científicos coincidieron en que el futuro Tratado de Alta Mar o de los Océanos, que se propone poner a resguardo el 30% de aguas internacionales, "beneficiará" a la Argentina "en sus capacidades potenciales para custodiar los recursos vivos" de las aguas que cubren su plataforma submarina y resultará "complementario" de iniciativas nacionales de protección.
En vísperas del Día Mundial del Agua, el activista Hernán Pérez Orsi, quien está a cargo del área de investigación oceanográfica de Greenpeace, destacó que Argentina "lideró una coalición de países latinoamericanos con una alta ambición de protección" en la negociación, donde sostuvo la postura de considerar "patrimonio de la humanidad" los recursos genéticos marinos por descubrirse en alta mar.
Por su parte, el investigador principal del Conicet y biólogo marino Luis Capozzo calificó como "histórico" al acuerdo porque hoy "todos los recursos vivos que se encuentren más allá de las aguas jurisdiccionales de cada país, no tienen manera de ser protegidas" de amenazas como la sobrepesca, el tráfico excesivo, la contaminación, la exploración y explotación hidrocarburífera o minera.
"Este tratado intenta poner un orden que debería anteceder al uso de estos recursos" si se quiere garantizar su sustentabilidad, dijo. "Cuando hablamos de los océanos estamos acostumbrados a pensar en abundancia ilimitada, pero hay que pensarlos como grandes desiertos con importantes oasis donde se concentra una biodiversidad que es fundamental no sólo porque nos provee alimento sino también recursos marinos genéticos potencialmente beneficiosos para toda la humanidad", agregó.
Pérez Orsi ejemplificó que "uno de los reactivos utilizados en la detección de Covid-19 proviene de una enzima que está presente en un microbio marino", y mientras no haya regulación de estos descubrimientos, hoy son patentados por los grandes laboratorios.
Cappozzo recordó que se considera alta mar a aquellas aguas que se encuentran más allá del mar territorial de cada país pero también de su Zona Económica Exclusiva (ZEE), es decir, de la plataforma continental cuya extensión "depende del relieve submarino de cada país", que se prolonga un máximo de 200 millas náuticas desde el borde costero, delimitando un área donde un estado soberano goza de derechos especiales de exploración y uso de recursos.
A su turno, Pérez Orsi aclaró que en su ZEE cada país "tiene exclusividad para explotar los recursos tanto de la columna de agua como de suelo y subsuelo", pero como la soberanía no es completa "no puede objetar la navegación pacífica de ninguna nave, ni puede actuar con poder de policía ante sospecha de algún delito excepto que tenga fundadas evidencias para actuar sobre pesca ilegal, narcotráfico o tráfico de personas".
"La plataforma continental de nuestro país se extendía hasta la milla náutica 200, pero hace unos años la ONU aceptó cambios en los límites de los países que tienen costa marítima y en el caso de Argentina, en 2006 nuestro límite exterior este se extendió hasta la milla náutica 350", dijo Capozzo. Pérez Orsi aclaró que "esta extensión de soberanía aplica pura y exclusivamente en el suelo y subsuelo" dejando afuera a la columna de agua.
"En función de esto, todos los potenciales recursos que se encuentran en su plataforma submarina (así redefinida) le pertenecen al país, y éste asume la responsabilidad de ser custodio de la biodiversidad que se encuentran en la columna de agua", dijo Capozzo. "Por eso el Tratado beneficiará las capacidades potenciales que va a tener la Argentina para ser custodio de los recursos vivos de la columna de agua desde la milla náutica 200 hasta la 350", agregó.
Pérez Orsi recordó que "cuando hablamos de alta mar estamos hablando casi de la mitad del planeta" y calificó como "urgente" la protección de los océanos porque de ella depende "la supervivencia de la especie humana en el planeta". Esto es así en la medida en que "producen más de la mitad del oxígeno que consumimos, absorben un tercio del exceso de carbono por la quema de combustibles fósiles y regulan el aumento de temperatura generado por el cambio climático" al punto que "sin los océanos y con las mismas condiciones de emisión, hoy tendríamos 36 grados más de temperatura".
Actualmente, Argentina tiene el 8% de sus aguas marinas a resguardo y el paraguas de protección se podría extender este año hasta alcanzar "entre un 12 y un 14%" si se aprueba el proyecto de creación del área marina protegida bentónica Agujero Azul, de 164.000 kilómetros cuadrados, que ya tiene media sanción de Diputados.
"Son complementarias la ley de creación del área marina protegida bentónica Agujero Azul y el tratado, porque la ley lo que va a impedir es la operación pesquera en el fondo marino, mientras que el tratado lo que puede decir es que no se puede pescar en la columna de agua pero no va a decir nada sobre el fondo", dijo Pérez Orsi.
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