La basura, afirman los antropólogos, dice mucho de una sociedad. Rastreando lo que la gente desecha pueden conocerse hábitos, costumbres y modos de encarar la vida. Pero, ¿y qué pasa cuando lo que se tira a la basura son libros? Diego Sachella es un dolorense radicado en Buenos Aires que tuvo una idea genial: rescatar libros que alguien tiró y conectarlo con un lector ansioso de encontrarse con él. A través de la página de Facebook La Biblioteca de los Libros Tirados a la Basura, miles de páginas ha encontrado destino en lugares tan distantes entre sí como Santa Rosa, La Pampa o Salzburgo, a manos de lectores individuales o a bibliotecas públicas como las de una escuela en la Villa 31 o la Universidad Pedagógica Nacional.
Todo comenzó cuando “una amiga encontró en Dolores una bolsa de red verde, tipo de las que se guarda la cebolla, con una cantidad de libros de la colección Robin Hood. La de tapas amarillas en las que todos los que pasamos los 50 años leímos a Emilio Salgari o Julio Verne. Estaban ordenados como para que alguien los recuperase, muy prolijamente puestos”. Y fue precisamente el orden lo que le dio la idea. Estaban ahí “como que quien los había tirado esperase que alguien se los llevara”.
“Cuando esta amiga publica la foto en Facebook, recordé que, cuando vivía en Munich, vi en las puertas de las casas de diversas ciudades de Europa pequeñas bibliotecas con cartelitos que decían algo como ‘esta es una biblioteca que se forma con libros que han sido descartados de otras bibliotecas. Tome uno, léalo, si le gusta quédese con él pero traiga otro’”. Así surgió la idea de hacer una biblioteca virtual “y la verdad es que funcionó inmediatamente”, se sorprende todavía hoy.
¿Qué libros pasaron por la página buscando lectores? “Lo primero que encontré fue una trilogía de Chomsky en inglés con su caja original. Al ir prestando atención fuimos descubriendo libros en buen estado, de valor literario, ensayístico, artístico. Libros de valor estético, antiguos, exóticos. Hemos tenido libros del siglo XIX ingleses, con tapas repujadas y con ilustraciones bellas, clásicos”.
Verdadero buscador de joyas en la basura, Sachella relata que pronto se formó una comunidad, porque “la gente empezó a librar libros, es decir, en lugar de tirarlos me avisaba y yo los subía a la biblioteca”. Allí se sube la foto, a veces algún comentario y se anota el que lo quiere. “Funcionan por la buena voluntad de pasar a buscarlos por la casa de quien los tiene”, explica y añade con orgullo que el sistema “nunca ha fallado, siempre ha habido un puente que diga ‘yo vivo cerca’ y los alcanza”.
El otro gran logro de la Biblioteca es que “nadie se ha quedado sin el libro que ha pedido y nunca ha quedado un libro sin encontrar alguien que lo haya elegido”. Pero, además, “en la página se han generado hermosos diálogos sobre literatura. Hay mucha gente que no es lectora, pero comparte en sus FB a sus amigos la existencia de la biblioteca y esos amigos se suman”.
Este dolorense amante de los libros, que recuerda cuando a los 8 años se ofreció como ayudante en la librería de la señora de Gilabert, en su Dolores natal, tiene el orgullo de haber enviado –vía estos correos de la buena voluntad- ejemplares pedidos desde San Luis, Santa Rosa, Córdoba, pero también a Almería, Salzburg y a Munich. No solo libros en español, sino también en francés, en alemán, en inglés.
“También ha habido liberaciones de libros en gran cantidad, por lo que contactamos a bibliotecas populares, por ejemplo la de Balvanera, la de un bachillerato en la villa 31, la Biblioteca Nacional del Maestro, la de la UNIPE”, aunque esas donaciones han implicado un previo trabajo de catalogación, para que las entidades acepten la donación. Trabajo que realizó en persona y que rindió sus frutos porque “ningún libro fue rechazado”.
¿Por qué tomarse tanto trabajo de rescate? “Soy un lector empedernido, leo varios libros a la vez” dice Sachella que siente que esto “es una forma de fomentar que más allá de todas las formas virtuales de lectura, el libro es de una fascinación que no tiene par. Me ha pasado olerlos, tocarlos y el papel, solo el olor, a pesar de venir de la basura, es mágico”.
Y más aún: “Tengo la alegría inmensa que muchos libros que yo había decidido liberar de mi biblioteca personal tuvieran hermosos lectores”.
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