Los cinco alumnos de una escuela rural de General Pirán hicieron una película y ganaron un festival internacional en Chile
“Una aventura monstruosa en la escuela” nació en la Escuela Rural Nº 4 Mariano Moreno, donde sus cinco estudiantes crearon los personajes, la historia y el guión. La producción fue premiada como Mejor Cortometraje Latinoamericano del Festival Ojo de Pescado de Valparaíso. “Estuvo muy divertido y me dejó un recuerdo imborrable”, nos contó Azul Iribarne, una de las alumnas.

La producción fue premiada como Mejor Cortometraje Latinoamericano.
Eran entonces apenas cinco alumnos. Empezaron dibujando monstruos, compartiendo ideas y creando personajes en una pequeña escuela rural bonaerense. Un año después, aquella historia nacida dentro del aula se convirtió en una película, cruzó las fronteras argentinas y terminó ganando un festival internacional en Chile.
“Una aventura monstruosa en la escuela”, el cortometraje realizado durante 2025 por los estudiantes de la Escuela Rural Nº 4 Mariano Moreno, fue elegido Mejor Cortometraje Latinoamericano en la categoría Jóvenes Cineastas de la 15ª edición del Festival Internacional de Cine Ojo de Pescado, realizado en Valparaíso.
El reconocimiento tiene detrás una historia particular: cuando se realizó la película, la escuela tenía solamente cinco alumnos y fueron los propios chicos quienes imaginaron los monstruos, desarrollaron la idea y participaron en la creación del guión.
“El año pasado éramos cinco. Hicimos una película que se trataba sobre monstruos”, recordó Azul Iribarne, una de las estudiantes que participó del proyecto.
CINCO ALUMNOS, DIBUJOS E IDEAS: ASÍ NACIÓ LA PELÍCULA
La historia no llegó escrita a la escuela. Surgió de los propios chicos y fue tomando forma a partir de las ideas que aparecían entre ellos. “Dos compañeros inventaban esos monstruos. Estábamos todos de acuerdo con eso, dibujando, creando, con ideas, y así se creó esa película”, contó Azul sobre el proceso que dio origen al cortometraje. A partir de esos primeros dibujos y personajes comenzaron a construir una historia hasta transformarla en una producción audiovisual.
El trabajo se realizó a través de “Escuela, cámara ¡acción!”, un taller que dirige Lucio Álvarez y es de la Secretaría de Cultura y Educación del Municipio de Mar Chiquita, desarrollado en articulación con Jefatura Distrital. La realización técnica audiovisual estuvo a cargo de Lucio, director del taller.
La propuesta permitió que los estudiantes atravesaran distintas etapas de una producción cinematográfica, desde la aparición de la idea y la elaboración del relato hasta el trabajo necesario para convertirlo en imágenes.
DE UNA ESCUELA RURAL BONAERENSE A VALPARAÍSO
Una vez terminado, el recorrido de “Una aventura monstruosa en la escuela” comenzó a extenderse mucho más allá de su lugar de origen. Antes de recibir el reconocimiento en Chile, el cortometraje ya había participado de otros tres festivales internacionales: dos en México y uno en Uruguay.
Luego llegó la selección para el Festival Internacional Ojo de Pescado, un encuentro dedicado al cine para niños, niñas y jóvenes que en 2026 celebró su 15ª edición en Valparaíso. La producción argentina, de 7 minutos y 29 segundos, compitió dentro de Jóvenes Cineastas, la sección destinada a trabajos realizados por niños, niñas y jóvenes. Y la película de los cinco estudiantes bonaerenses terminó quedándose con el principal reconocimiento latinoamericano de su categoría: Mejor Cortometraje Jóvenes Cineastas Latinoamericano.
“ME DEJÓ UN RECUERDO IMBORRABLE”
Para Azul, detrás del reconocimiento internacional quedó también la experiencia de haber creado una película junto a sus compañeros. “Estuvo muy divertido”, contó la alumna al recordar el proceso de realización.
La experiencia, según relató, fue algo completamente nuevo para ella. Y al momento de explicar qué significó haber participado de aquel proyecto que finalmente llegó hasta un festival internacional, lo resumió con una frase: “Me dejó un recuerdo imborrable”.
El premio obtenido en Chile terminó dándole una dimensión inesperada a una experiencia que había comenzado de una manera mucho más sencilla: cinco alumnos reunidos en una escuela rural, dibujando monstruos, imaginando personajes y poniéndose de acuerdo para contar una historia.
Aquella idea se convirtió primero en una película. Después viajó por festivales de México y Uruguay. Y finalmente llegó hasta Valparaíso, donde fue reconocida como el mejor cortometraje latinoamericano de su categoría.












